Calcula tus costos reales
Antes de poner un precio, suma lo que te cuesta hacer el trabajo: materiales, transporte, herramientas, desgaste, tiempo de traslado y el tiempo que dedicas a responder mensajes y coordinar.
- Materiales y piezas, con un margen para desperdicio.
- Movilidad y tiempo de viaje de ida y vuelta.
- Horas de trabajo directo.
- Costos fijos del mes prorrateados (herramientas, seguro, telefonía).
- Comprobantes e impuestos cuando correspondan.
Define el alcance antes del precio
Un precio sin alcance es una discusión esperando ocurrir. Escribe qué incluye, qué no incluye y qué supuestos estás asumiendo: por ejemplo, que la tubería es accesible o que el ambiente está vacío.
Separa mano de obra y materiales
Presentar ambos conceptos permite al cliente entender el costo y evita que un aumento de materiales parezca un cobro arbitrario. Si no puedes separar, indica al menos qué materiales están considerados.
Estructura tu cotización
Una propuesta breve y ordenada suele ser suficiente: problema, solución propuesta, alcance, materiales, plazo, precio y condiciones. Si el trabajo es grande, divide el pago en etapas vinculadas a avances verificables.
Evita prometer un plazo que no puedes cumplir para ganar la propuesta. Un retraso cuesta más en reputación que un precio ligeramente mayor bien explicado.
Revisa y ajusta con datos
Después de cada trabajo, compara lo cotizado con lo que realmente gastaste en tiempo y materiales. Si un tipo de servicio te toma siempre más horas, ajusta el precio o el alcance para la próxima propuesta.