1. Empieza por los ambientes incluidos
Indica cuántos dormitorios, baños y áreas comunes deben atenderse. Añade cocina, lavandería, balcón, patio o escaleras solo si forman parte de la visita. El tipo de inmueble y su estado ayudan más que una frase general.
2. Separa tareas habituales y tareas especiales
El mantenimiento suele concentrarse en pisos, polvo accesible, superficies, cocina y baños. Otras tareas requieren tiempo, productos o equipos adicionales y deben aparecer por separado.
- Interior de horno, refrigeradora, gabinetes o clósets.
- Mamparas, ventanas altas, persianas o luminarias.
- Sarro acumulado, grasa intensa o manchas antiguas.
- Patios, cocheras, terrazas y áreas exteriores.
- Lavandería, planchado, cambio de ropa de cama u organización.
3. Mantenimiento y limpieza profunda no son iguales
Una visita de mantenimiento busca sostener el orden y la higiene habitual. Una limpieza profunda añade detalle en zonas menos frecuentes o con acumulación. Explica qué problema deseas resolver en vez de usar solo la palabra “profunda”.
Ningún proveedor debería prometer remover todas las manchas sin revisar el material y su estado. Pregunta qué productos usará en superficies delicadas.
4. Por horas o por tareas: define la prioridad
Si acuerdas un número de horas, ordena las tareas desde la más importante. Si acuerdas por resultado, deja una lista cerrada y confirma cuántas personas asistirán. En ambos casos pregunta qué ocurre si el alcance requiere más tiempo.
5. Aclara productos y equipos
Indica si proporcionarás productos, guantes, bolsas, aspiradora o escalera. Si los lleva el proveedor, revisa si están incluidos en el precio y comunica alergias, mascotas o superficies que no admiten ciertos químicos.
6. Deja un criterio simple de entrega
Antes de empezar, acuerden cómo revisarán el trabajo y qué zonas quedan fuera. Si no estarás en casa, define acceso, manejo de llaves y la forma de reportar cualquier objeto dañado o hallazgo inesperado.